martes, 5 de mayo de 2020

C) El Objetivismo.


Si sostuviéramos que el relativismo moral es falso porque las razones que se dan para defenderlo no son correctas, cometeríamos una falacia, es decir, un error en la argumentación. La debilidad o, incluso, falsedad de las pruebas dadas para sostener una posición no demuestran, en modo alguno, que esa posición sea falsa.
Por consiguiente, a los objetivistas les compete probar la verdad del objetivismo y no sólo echar por tierra las pruebas en favor del relativismo moral. Casi todos los objetivistas éticos están de acuerdo en que la objetividad de las normas morales no puede ser demostrada; sólo cabe “mostrarla”. Dicho de otro modo, que existen normas morales objetivas no se conoce por deducción, sino por intuición.
Para mostrar algo a alguien que no lo ve, es preciso primero señalarle qué ha de ver y, después, ponerlo frente a lo que hay que ver. Esta regla sirve tanto cuando se trata de lograr una intuición sensible (por ejemplo, divisar algo lejano) como cuando está en juego alcanzar una intuición intelectual, como es el caso del objetivismo moral.
Muchas veces se rechaza el objetivismo moral porque se comprende mal en qué consiste. Se suele confundir el objetivismo moral con las siguientes posiciones:

a) El objetivismo moral no afirma que todo el mundo obedezca las normas morales (lo que es manifiestamente falso), ni tampoco que todo el mundo conozca y admita las normas morales, ni siquiera, que todos aquéllos que las conocen las obedezcan (lo que es también falso). De forma que la diversidad de conductas observadas por distintas culturas o la diversidad de valoraciones morales o el que haya personas que prediquen una cosa y hagan otra son objeciones que no tocan en nada el objetivismo moral.

b) En el objetivismo moral no se sostiene que haya clases de acciones (por ejemplo, decir la verdad) que son siempre buenas y clases de acciones (por ejemplo, matar a otro hombre) que son siempre malas. Esta postura se llama deontologismo. Todos los deontologistas son objetivistas, pero no a la inversa. Un objetivista puede declarar que la muerte de GANDHI a balazos fue un acto injusto y que, en cambio, la muerte de JULIO CÉSAR a puñaladas fue un acto justo. El objetivismo afirma que hay acciones concretas (no clases de acciones) que en sí mismas son buenas y otras que son en sí mismas malas. «En sí mismas» significa, con independencia de que se juzgue o no así. Para decirlo de otro modo, si en alguna ocasión es cierto que una determinada acción es correcta, entonces siempre es cierto que esa acción determinada es correcta; no es posible que una, y la misma, acción sea a la vez justa e injusta.

c) El objetivismo moral tampoco implica que siempre que una persona cometa una acción injusta se haga moralmente mala (adquiera culpa moral) ni que siempre que se lleve a cabo una acción justa, la persona que la realice se haga moralmente buena (adquiera mérito moral). Un objetivista puede afirmar (no todos lo hacen) que un hombre puede hacerse bueno realizando acciones objetivamente injustas si cree, y no es culpable de su error, que se trata de acciones justas. Por ejemplo, un hindú que arroja a la pira funeraria a la viuda del difunto, en opinión de algunos objetivistas, puede tener mérito moral, aunque la acción que realiza es objetivamente injusta, si actúa creyendo que la acción que lleva a cabo es justa.

d) Por último, el objetivismo no afirma que podamos conocer siempre si una acción es justa o injusta. Incluso algunos objetivistas, por ejemplo MOORE, niegan que podamos conocer si una acción es justa o injusta. Una vez puesto en claro en qué consiste el objetivismo moral, se debe dar el siguiente paso y describir situaciones en las que sea fácil captar la objetividad de las normas morales.


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