viernes, 8 de mayo de 2020

TAREA 4 Herme y Fernando


Como has podido comprobar —si has leído todo con atención—, la oposición entre "relativistas" y "objetivistas" es patente. Este debate lleva muchísimo tiempo vivo. Ya preocupaba este enorme problema al ser humano desde la época clásica, desde los tiempos del gran Sócrates. ¿De qué parte estás tú? ¿Eres relativista o te convence más el objetivismo?

Ahora vas a leer un textito... Es un poco largo, pero tú eres fuerte. Tómate tu tiempo y lee con atención el siguiente diálogo entre dos amigos, FERNANDO y HERME, amigos que han discutido acaloradamente en más de una ocasión. FERNANDO es partidario del objetivismo moral, y HERME, defensor del relativismo moral:

«FERNANDO: Así pues, no aceptas el objetivismo moral, a pesar de que comprendes muy bien en qué consiste.

HERME: Eso es.

FERNANDO: Pues bien, yo no soy capaz de demostrarte la verdad del objetivismo porque es algo que no puede ser deducido. Lo más que puedo hacer es intentar que lo intuyas.

HERME: En ese punto también coincidimos. El objetivismo no puede ser argumentado. De manera que no sé qué se puede hacer. Si me dices que tienes la intuición de la existencia de normas morales objetivas, te responderé que yo no la tengo. Y de ahí no podremos salir. Se trata de un tema sobre el que de poco sirve discutir. Ni yo te convenceré a ti ni tú a mí, No hay nada que hacer.

FERNANDO: En esto te equivocas. Al menos una cosa es posible hacer. Puedo intentar que veas que tu pretendida intuición de la no existencia de normas morales objetivas es incompatible con otras intuiciones que también declaras tener.

HERME: No termino de ver claramente qué quieres decir.

FERNANDO: A ver si te lo explico. No tiene sentido discutir sobre un problema moral y ser objetivista, al mismo tiempo. Nadie discute sobre normas convencionales. Si alguna vez has entablado una discusión moral, no has sido consecuente con tu relativismo.

HERME: ¡Cómo que no se discute sobre normas convencionales! ¿Acaso no se debate largamente si tal jugada u otra fue o no penalti?

FERNANDO: Hay que distinguir dos cosas. Se puede discutir si un caso concreto entra dentro de una norma o no. Y esto, tanto en las normas convencionales como en las normas morales objetivas. Distinto es debatir si existe o no tal norma. En las normas convencionales basta recurrir al reglamento y dirimir la cuestión con facilidad y rapidez. Claro que el relativista puede decir que cuando discute sobre normas morales lo que busca saber es si tal norma es aceptada por un grupo social. Pero en ese caso tiene que callarse cuando se le demuestra (por ejemplo, mediante una encuesta) que sí. Mas cuando se discute, por ejemplo, si la discriminación racial es justa o no, uno no se calla con sólo demostrarle que la mayoría de los habitantes de tal país están a su favor; y, sin embargo, el relativista tendría que admitir que en ese país la discriminación es justa. Recuerdo que el otro día estuviste en una manifestación contra la discriminación racial en Sudáfrica. ¿Cómo un relativista puede pretender que lo que ocurre en Sudáfrica es injusto si no existe lo justo ni lo injusto?

HERME: Cuando voy a una manifestación no hago más que expresar mis sentimientos. Si afirmo estar en contra de la segregación racial, sólo quiero decir que me disgusta, que ante ella experimento un sentimiento desagradable.

FERNANDO: Pero hay una diferencia fundamental. Si vamos en coche y tú me dices que te mareas y te contesto que yo no, ambos estamos expresando nuestros sentimientos. Ahora bien, en este caso, los dos enunciados pueden ser verdaderos, pues no son contradictorios. Por consiguiente, sobre el mareo de cada uno, no cabe la discusión. No es el mismo caso que cuando uno dice: «eso es injusto» y otro le replica: «te equivocas, es justo». Ni sobre los estados fisiológicos ni sobre, digamos, los gustos culinarios, se discute. En cambio sí se debate, y mucho, lo concerniente a temas morales. Tú mismo lo haces. Te acuerdas de la que armaste porque decías que te habían suspendido injustamente.

HERME: Un momento. Aquello fue distinto. Todo el alboroto que organicé no era porque considerase injusto el suspenso (éste no era ni justo ni injusto, pues no existen normas morales objetivas). La finalidad que perseguía era que me cambiasen la nota. He descubierto que palabras como «justo» e «injusto» influyen a veces en el comportamiento de la gente. En ese caso me salió mal.

FERNANDO: De acuerdo. Pero qué me dices de ayer cuando discutías acaloradamente con tu amigo ÓSCAR que sostenía que las mujeres no han de tener los mismos derechos que los varones. No te interesa modificar su conducta, pues las acciones de ÓSCAR van a influir muy poco en un posible cambio de la legislación, cambio que, por otra parte, a ti en nada te afecta. ¿Por qué discutías con él? ¿Dímelo...?

HERME: Sí, he de admitir que se trataba de dos situaciones distintas...

FERNANDO: Por otra parte, el relativista moral, si es coherente, nunca hará nada que vaya contra sus intereses egoístas. Si en un determinado momento se le presenta la alternativa de realizar o bien una acción que su sociedad considera injusta (pero que le va a reportar grandes beneficios y que, además, jamás será descubierta), o bien una acción justa (para decirlo como un relativista, una acción que su sociedad tiene por justa) que le va acarrear grandes males, no tendrá ninguna razón para elegir la acción justa.

HERME: Tú quieres describir algo así como la siguiente situación: Un miembro de la Resistencia francesa es detenido por la Gestapo y se presentan ante él únicamente dos salidas. Puede confesar, y entonces queda libre, y además nadie jamás descubrirá su traición; o bien puede guardar silencio (en su medio social la no delación es la acción justa), pero en ese caso sólo le esperan grandes sufrimientos y, al final, la muerte.

FERNANDO: No son necesarios ejemplos tan extremos; pero sí es un buen ejemplo de lo que yo decía. En esa situación un relativista moral no tendrá ninguna razón para guardar silencio.

HERME: Quizás prefiera afrontar la muerte antes de verse marginado por sus amigos a causa de su delación.

FERNANDO: No es esa la situación descrita. Por hipótesis, hemos supuesto que jamás se descubrirá su traición.

HERME: Aun en ese caso el relativista puede guardar silencio porque ha interiorizado la norma de ser leal. Norma que desde pequeño le han inculcado y no quiere vivir luego con ese peso en la conciencia.

FERNANDO: Eso es lo que un relativista diría de los no relativistas, que todavía no han descubierto la convencionalidad de las normas. Pero él se encuentra por encima de eso. Es como el adulto que descubre que su miedo a la oscuridad se debe a que de pequeño lo encerraban en un cuarto oscuro como castigo. Una vez descubierto el origen de su miedo, puede vencer el temor a la oscuridad. De igual forma, el relativista, una vez descubierta la relatividad de las normas morales, puede superar la presión que ejercen sobre él y el remordimiento que le produce no cumplirlas. Por consiguiente, si en la situación descrita consideras que, de ser tú el prisionero, harías mejor en no confesar (otra cosa es que tuvieras valor para ello) no puedes ser relativista».

EJERCICIOS

1. ¿Qué sostiene el relativismo moral que defiende Herme?
2. ¿Es lo mismo el relativismo que el subjetivismo?
3. ¿Qué pretende hacer Fernando con Herme? ¿Cómo puede demostrarle que hay normas morales objetivas?
4. ¿Qué te parece el final del texto? ¿Tiene razón Fernando? Explica tu respuesta.



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