Existen dos grandes tipos de
relativismo moral: el relativismo social y el relativismo individual o
subjetivismo.
b.1) El Relativismo social.
Para el relativismo social, las normas morales son
creación de la sociedad. Como han existido y existen diferentes sociedades con
distintas culturas, existen diferentes normas morales e incluso normas morales
contrapuestas.
Tal y como hemos visto en el texto de MOSTERÍN —texto que defiende claramente la posición relativista— algunos pueblos admiten la poligamia y otros, no;
en algunas culturas se considera que es una norma debida moral cuidar de los propios
padres cuando son ancianos y, en otras sociedades, que lo que se debe hacer —o sea, la norma moral— es abandonarlos para que
mueran de frío (como entre los esquimales).
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¿Se debe dejar morir a los abuelos de hambre y de frío? |
¿Qué norma es la verdadera? ¿Se
debe cuidar de los propios padres o dejarles morir de hambre y frío? El
relativismo social sostiene que esta pregunta carece de sentido. Ninguna de las
dos normas es mejor ni peor. Para el relativista social, esa pregunta se
asemeja a esta otra: ¿Se puede tocar el balón con la mano o no se puede? La
pregunta tal y como está formulada no posee sentido. Para que lo adquiera es
imprescindible relativizar la norma refiriéndola a un determinado juego.
Por ejemplo, en el baloncesto y en el voleibol sí que se puede tocar el balón
con la mano; en el fútbol y en el hockey, no. De igual manera, para que la
pregunta «¿se debe abandonar a los padres ancianos?» adquiera sentido hay que
relativizarla, es decir, enmarcarla dentro de las pautas de comportamiento de
una sociedad. Para los esquimales sí se puede; para los europeos, no.
El escritor francés A. FRANCE
resumió la esencia del relativismo social con una certera frase. «La sociedad
no castiga el asesinato porque éste sea malo, sino que es malo porque la
sociedad lo castiga».
b. 2) El subjetivismo.
La otra forma de relativismo
moral es el subjetivismo. Uno de los tipos más comunes de subjetivismo
es el emotivismo. Según todo relativismo moral, las normas, categóricas,
en el fondo, son proposiciones descriptivas, ya que describen hechos empíricos.
En el caso del relativismo moral de índole social, las normas morales se reducen
a proposiciones apofánticas que describen cómo piensa una determinada sociedad
sobre un tema. Según el emotivismo, las normas morales se reducen también a
proposiciones descriptivas, pero éstas no describen la opinión de una sociedad
sobre un asunto, sino las emociones o sentimientos que experimenta un individuo
ante un hecho.
El emotivista considera que las normas morales son
similares a las proposiciones que expresan gustos culinarios. Cuando una
persona declara que la paella es un plato riquísimo o que las hormigas fritas
es un guiso repugnante, no está afirmando, en contra de lo que parece, nada
sobre la paella o las hormigas. Sus proposiciones enmascaran proposiciones descriptivas
que expresan los estados anímicos que experimenta ante una paella o ante un
plato de hormigas fritas. «La paella es un plato riquísimo» equivale a expresar
«me encanta la paella», o a «pensando en la posibilidad de comerme una paella
experimento un sentimiento muy placentero».
De ser cierto el subjetivismo
moral, cuando se afirma una norma moral, se está enunciando una proposición
descriptiva sobre los estados emocionales de la persona que la proclama. En
opinión del subjetivista, «no debes abandonar a tus padres ancianos» equivale a
«experimento un sentimiento de repugnancia cuando pienso en que alguien
abandone a sus padres ancianos». Pretender —prosigue el subjetivista— que las
normas morales sean otra cosa distinta de enunciados descriptivos es caer en el
absurdo.

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