martes, 28 de abril de 2020

B. Tipos de Relativismo.

Existen dos grandes tipos de relativismo moral: el relativismo social y el relativismo individual o subjetivismo.

     b.1) El Relativismo social.

Para el relativismo social, las normas morales son creación de la sociedad. Como han existido y existen diferentes sociedades con distintas culturas, existen diferentes normas morales e incluso normas morales contrapuestas.

Tal y como hemos visto en el texto de MOSTERÍN —texto que defiende claramente la posición relativista— algunos pueblos admiten la poligamia y otros, no; en algunas culturas se considera que es una norma debida moral cuidar de los propios padres cuando son ancianos y, en otras sociedades, que lo que se debe hacer —o sea, la norma moral— es abandonarlos para que mueran de frío (como entre los esquimales).

¿Se debe dejar morir a los abuelos de hambre y de frío?

¿Qué norma es la verdadera? ¿Se debe cuidar de los propios padres o dejarles morir de hambre y frío? El relativismo social sostiene que esta pregunta carece de sentido. Ninguna de las dos normas es mejor ni peor. Para el relativista social, esa pregunta se asemeja a esta otra: ¿Se puede tocar el balón con la mano o no se puede? La pregunta tal y como está formulada no posee sentido. Para que lo adquiera es imprescindible relativizar la norma refiriéndola a un determinado juego. Por ejemplo, en el baloncesto y en el voleibol sí que se puede tocar el balón con la mano; en el fútbol y en el hockey, no. De igual manera, para que la pregunta «¿se debe abandonar a los padres ancianos?» adquiera sentido hay que relativizarla, es decir, enmarcarla dentro de las pautas de comportamiento de una sociedad. Para los esquimales sí se puede; para los europeos, no.
El escritor francés A. FRANCE resumió la esencia del relativismo social con una certera frase. «La sociedad no castiga el asesinato porque éste sea malo, sino que es malo porque la sociedad lo castiga».

     b. 2) El subjetivismo.

La otra forma de relativismo moral es el subjetivismo. Uno de los tipos más comunes de subjetivismo es el emotivismo. Según todo relativismo moral, las normas, categóricas, en el fondo, son proposiciones descriptivas, ya que describen hechos empíricos. En el caso del relativismo moral de índole social, las normas morales se reducen a proposiciones apofánticas que describen cómo piensa una determinada sociedad sobre un tema. Según el emotivismo, las normas morales se reducen también a proposiciones descriptivas, pero éstas no describen la opinión de una sociedad sobre un asunto, sino las emociones o sentimientos que experimenta un individuo ante un hecho.
El emotivista considera que las normas morales son similares a las proposiciones que expresan gustos culinarios. Cuando una persona declara que la paella es un plato riquísimo o que las hormigas fritas es un guiso repugnante, no está afirmando, en contra de lo que parece, nada sobre la paella o las hormigas. Sus proposiciones enmascaran proposiciones descriptivas que expresan los estados anímicos que experimenta ante una paella o ante un plato de hormigas fritas. «La paella es un plato riquísimo» equivale a expresar «me encanta la paella», o a «pensando en la posibilidad de comerme una paella experimento un sentimiento muy placentero».
De ser cierto el subjetivismo moral, cuando se afirma una norma moral, se está enunciando una proposición descriptiva sobre los estados emocionales de la persona que la proclama. En opinión del subjetivista, «no debes abandonar a tus padres ancianos» equivale a «experimento un sentimiento de repugnancia cuando pienso en que alguien abandone a sus padres ancianos». Pretender —prosigue el subjetivista— que las normas morales sean otra cosa distinta de enunciados descriptivos es caer en el absurdo.

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